Fusible II

Publicado en Uncategorized el 20 Enero 2010 por el narrador, o el que narra

¿Qué pasa cuando no se llora? ¿El cuerpo deja de producir lágrimas, es que el dispositivo de las lágrimas entra en stand by por un tiempo, se atrofia y vuelve a nacer en algún momento? ¿Es acaso que las lágrimas sí se producen, pero se acumulan en algún compartimento porque se cierra el conducto por el cual han de llevarse hasta el ojo? En todo caso, ¿que pasa que se cierra, y que pasa que de repente zas las lágrimas empiezan a brotar con decisión, sea que se hayan acumulado hasta explotar, sea que la máquina comience a producir frenéticamente por efecto del golpe de tensión que le  lleva energía? En todo caso, ¿cual es la lágrima que rebasa la capacidad y destruye la bolsa, o de donde viene dicha enormidad eléctrica que enciende con sobreproducción la maquinaria?

Baletta, que no podía dejar de pensar, lloraba a dentelladas en la vastedad de la montaña, como se llora cuando el universo se descubre insoportable.

Sobre el sentido II

Publicado en Tormenta el 16 Enero 2010 por el narrador, o el que narra

Cierta vez alguien me había dicho que en la geometría que conocíamos, la euclideana, si uno trazaba una recta y luego hacía un punto que estuviera por fuera de ésta, quedaría una y solo una recta que pudiera pasar por ese punto y ser paralela a la primera recta.

En la geometría no euclideana la teoría se desploma, me habían dicho.

Pensé y pensé cómo sería posible que pudieran pasar más rectas por el segundo punto que fueran todas paralelas a la primera.

Alguna profesora de matemáticas me aclaró el asunto: En la geometría euclideana conocemos espacios planos. Ahí funciona lo de la recta y el punto y la paralela. En la geometría no euclideana tratamos con espacios curvos, y ahí no se puede trazar una paralela.

¿Dos, tres, infinitas?

Ninguna. En la geometría no euclideana no existen las rectas, todas las líneas son curvas, todas se tocarán en algún momento.

Sobre el sentido

Publicado en Tormenta el 16 Enero 2010 por el narrador, o el que narra

Bajaba el sabio por el sendero. Quería bailar, y no encontraba la fuerza. ¿La fuerza… o la justificación? – pensaba con desdén y un poco de culpa.

- Veo que te cuesta ponerte de acuerdo con tus propias ideas, Baletta.

El espinillo retorcido era la más patente confirmación de la idea de posibilidad que conocía Baletta. Nadie lo encontraba dos veces en el mismo lado. De la que te perdiste, Heráclito – pensaba el sabio. En cualquier momento y lugar en que uno anduviera por estas montañas podía aparecer el espinillo retorcido. Era solo una posibilidad leve, rara vez se aparecía a alguien, pero cada quien que se adentraba en estas zonas lo sabía, y contaba con que nada aseguraba que esta vez no fuera a pasar. El itinerario, los tiempos, y la mayor parte de las cosas que atañían a este espinillo eran del todo desconocidas.

No me lo digas, ni siquiera se me había ocurrido.

- Tu injustificación debe ser asumida de alguna manera, Baletta.

Conozco tu historia, espinillo. Te arqueaste así por hacerte cargo del peso de tus hojas, nunca osaste quitártelas de encima, y ellas te fueron venciendo poco a poco. Ahora ya no podés levantarte; y son tus propias hojas.

-Sí, pero estas hojas no son solo obra mía. Hay todo un universo que trabajó para que ellas existan, y pesen. Ese universo es lo que estás cargando en tu espalda, él pugna por darle un sentido a tu vida.

¿Es posible, espinillo, que la vida no tenga un sentido? Vos mismo no pudiste contra eso.

-Tiene que ser posible, Baletta. Pero nunca estará justificado.

¿Y él? ¿A quién justifica?

Publicado en Uncategorized el 20 Noviembre 2009 por el narrador, o el que narra

El sabio caminaba por las piedras. Se sabía protagonista de la historia, aunque entendiese que eso se debía más bien a un azar literario, la eleccion del escritor que sobre él había posado su dedo.

Claro que era también evidente que no existía el azar literario. Que se elegía la historia de un personaje y no de otro por muy coherentes motivos. Qué importaba si el escritor no lo asumía o no lo conocía.

El profeta se sabía el protagonista, el interpelador, el centro de la vida de sus fieles. Fieles. Exactas palabras para nombrar a todos los personajes que no son él y se mantienen sometidos a la decisión del autor, que los hace justificarse por su relación con el maestro. Ésta será su única forma de pasar a la historia.

El tiempo soy yo

dijo el sabio, y sintió como una mochila bien grande en la espalda.

A mi, nada me justifica.

Publicado en Uncategorized el 20 Noviembre 2009 por el narrador, o el que narra

-Murió

-Pero no…

-Claro que sí, con esta tormenta no puede haber sobrevivido por ahí durante tanto tiempo.

-Los que son como él no mueren fácil, viven más que nosotros.

-¿Y cual es la diferencia, a ver, entre “los que son como él” y “nosotros”?

-Que ellos tienen quien escriba su historia.

Carne

Publicado en Tormenta el 8 Octubre 2009 por el narrador, o el que narra

Un mordisco. Masticación o masticamiento. Otro mordisco. Más bien un ataque con los dientes, un depredador destruyendo la carne con impaciencia. La sangre cae del brazo desgarrado y de la boca frenética.

El sabio muerde, tritura, traga, escupe.

El sabio sabe que lo miran y no les presta mayor atención.

Brazo, dientes, mandíbula arriba, abajo, fuerza, ojos abiertos, bien abiertos.

Baletta Cypatha lleva su brazo a la boca y se arranca la carne una y otra vez, una y otra vez.

Tensión

Publicado en Tormenta el 8 Octubre 2009 por el narrador, o el que narra

El fusible es un dispositivo que se intercala entre los cables en alguna parte del principio de una instalación eléctrica. Cuando la intensidad de la energía llega a un punto demasiado alto, el filamento que contiene el fusible se funde, cortándose y dejando sin electricidad la instalación, e impide de esta manera que la suba de la tensión genere daños máximos en otro lado.

Grabación del silencio II

Publicado en Tormenta el 20 Septiembre 2009 por el narrador, o el que narra

Ni bien despuntaba la mañana, aunque ya no había sol, aparecieron al pie de la montaña. Baletta Cypatha seguía en el mismo lugar, con varias botellas vacías alrededor, y miró con ansias.

-El silencio es la suma de todos los ruidos. Como el blanco es la suma de todos los colores.

Diseñaron un plan de acción y empezó la recolección. Después de una intensa labor terminaron decidiendo que nunca iban a poder grabar todos los sonidos del universo para luego mezclarlos.

-¡Ya sé!- gritó una- Si los sonidos son como los colores, entonces tiene que haber algunos que sean los primarios. Mezclando adecuadamente éstos, lograríamos el blanco, el silencio.

La idea pareció excelente. Decidieron que los sonidos primarios eran dos: el de un electrón viajando por el espacio y el de un electrón chocando contra otro electrón.

-Hay que conseguir un acelerador de partículas- dijo alguien desde atrás.

El Barítono se adelantó:

-Hay que ir hasta la ciudad. El almacenero de la calle Argimón tiene uno que ni usa. Se lo pedimos y listo.

Manos a la obra.

Al rato volvieron con un cd. La tormenta arreciaba, los truenos se sucedían sin descanso.

-Ahora vas a ver, Baletta- dijo la Novia con satisfacción.

Puso el cd en un equipo, y el silencio tapó truenos y cotorras, y vientos y golpeteos inquietos de los pieses contra el suelo.

El sabio Baletta Cypatha dijo algo, pero ya nada se escuchaba en la sierra.

Grabación del silencio I

Publicado en Tormenta el 20 Septiembre 2009 por el narrador, o el que narra

.¡Señores, …!

-¡Y señoras!

El sabio miró con fastidio

¡No me pueden interrumpir apenas empiezo!

-Hable como corresponde, entonces, Baletta – dijo ella con sonrisa aleccionadora.

Baletta Cypatha miró para cualquier lado,  le echó un trago a la botella, y:

Señores y señoras, necesito que me ayuden a grabar el silencio.

-¿Cómo haremos eso, oh sabio?

Bueno, si lo supiera no les habría pedido ayuda. Escucho ideas.

No es tan difícil, tenemos que buscar un lugar en el que no haya ruido, y prender el grabador, ¿no es verdad?

-¿Si, pero, cual es ese lugar? ¿Cómo encontramos un lugar lo suficientemente silencioso? Más aún, absolutamente silencioso…

Sumiéronse tutti en preocuposa cavilación.

-No lo encontraremos- dijo el tatú de repente- no existe tal lugar.

El maestro tomaba pisco arrojado contra un árbol. Debe haber otra manera.

-El silencio es un tipo especial de ruido- dijeron todos al unísono.

Gran hallazgo conceptual, más ningún avance práctico. ¿Donde encontrar ese ruido especial?

Se citaron para la mañana siguiente.

Calma previa

Publicado en Tormenta el 19 Septiembre 2009 por el narrador, o el que narra

Temprano por la mañana, el maestro bajó hasta el arroyo. La Novia cantaba en una piedra, y Baletta Cypatha, respetuoso, esperó el fin de la melodía para intervenir. Las rojas venas de los ojos parecían telarañas.

-Baletta, parece que no hubieras dormido en cinco años.

Novia, si un día de estos que corren me llego a acostar, es para no volver a levantarme. Necesito que hagas algo por mí.

-Vos dirás, che.

Mirá para allá y decime que ves

-Veo el cielo más azul y despejado de las últimas temporadas, Baletta, ¿no es hermoso?

No, no, mirá bien, justo adonde estoy señalando, ¿ves?

La Novia entornó los ojos y quizá vio algo.

-Una manchita, muy pequeña, muy lejana… ¿una nube?

Más que eso, Novia. Gigantesca tormenta. Va a estar jodido. Será imposible conseguir un poco de silencio en los tiempos que vienen. Reunime a toda la trouppe, querés.